viernes, 21 de agosto de 2009

Varsovia

20 de agosto de 2009. Llegamos a Varsovia.

Más que de Dios

ya no espera del hombre

quien es ateo

(Raúl Fernández Vítores)


Viajamos a los lugares olvidados, al corazón del exterminio, con la certeza de que nada veremos, de que las pruebas han sido borradas. Y no encontraremos sino lo que llevamos en nuestra memoria y en las notas arrugadas de nuestra biblioteca, donde todo tiene sentido, donde podemos acercarnos a la totalidad del relato, donde todo es real, y poliédrico, donde hay personajes, parajes, arquitecturas concretas descritas minuciosamente por los supervivientes y de las que nada queda ahora. Todo ha sido borrado, y el Holocausto, desplazado hacia el ámbito de lo literario. Imre Kertesz: “El campo de concentración, sólo es imaginable como literatura, no como realidad”. ¿Es acaso el del Holocausto un relato mitológico, bíblico, que no existió y juega el papel de advertir e instruir, de prevenir los peligros que encierra el alma humana? Recorremos las calles de Varsovia y encontramos sólo unas pequeñas cicatrices dispersas en los barrios que durante tres años quedaban dentro del guetto. Es muy difícil hacerse a la idea de lo que ocurría cada mañana en la Umschlagplazt, donde casi 7.000 personas al día subían a los vagones que les conducirían a Treblinka para ser asesinados en las cámaras de gas.

Cerca de allí, un monumento conmemorando la insurrección liderada por Mordechai Anielevitz.

Residuos aislados de la judeofobia alemana y polaca. Frente a ello, la forzada celebración de un levantamiento, el de la resistencia polaca contra la ocupación en 1944, que fue excepción.

Pero ¿tiene acaso una ciudad la culpa de estar habitada por unos cuantos seres humanos?



Hay quienes reivindican la memoria porque creen que el hombre aprende de los errores cometidos (Nunca jamás, dicen). No es nuestro caso. Ninguna esperanza de redención de la Humanidad nos mueve para acometer este viaje. Sólo el de comprender (Spinoza: "Non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere"), la obsesión por la descripción minuciosa de lo acontecido, paso a paso, el guetto, la selección, el viaje, la confiscación...

Raúl Fernández Vítores: “El mejor manual de Ética que he leído es el libro de Raul Hilberg: La destrucción de los judíos europeos. En él queda demostrado que una estricta descripción es, a su vez, el máximo compromiso ético”. Sabemos que si ha ocurrido, en el corazón de nuestra cultura (y de ahí su singularidad frente en a los otros genocidios del siglo) volverá a ocurrir porque “fueron hombres quienes a otros hombres hicieron esto”. Y lo volverán a hacer. Sólo esperamos que no nos coja vivos, que no nos veamos ante tales dilemas. El Ser Humano, con mayúsculas, escribe Kertész, no “puede salir intacto de Auschwitz”.


2 comentarios:

  1. Pues nada más que el precio de ese presunto manual de Ética sale por una burrada. No creo que editar a esos precios y de esa manera, en un sólo volumen y en papel, sea inteligente por parte de ediciones Akal...

    Si es cierto lo que indica Vítores esa obra de Raul Hilberg se debería de editar como "libro libre" en editoriales como Traficantes de Sueños, Rebelión o cualquier otra que no impida a cualquier lector interesado tener que desembolsar unos 115´80 €urazos.

    Además editarlo con un número de páginas tal (1456 ¡ahí es nada!: algo menos que los tres volúmenes de la serie Millenium de Stieg Larsson) lo convierte en una obra ilegible e inasimilable.

    Habría que tener en cuenta que las condiciones de lectura están muy determinadas por el (poco) ocio que (a la mayoría) nos dan las miserables condiciones de la esclavitud salarial...

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  2. La destrucción de los judíos europeos
    RAUL HILBERG
    EDITORIAL AKAL
    COLECCIÓN CUESTIONES DE ANTAGONISMO
    TRADUCTORA CRISTINA PIÑA ALDAO
    MATERIA HISTORIA ISBN 978-84-460-1809-4 DIMENSIONES 17X24N.° PÁGINAS 1456 AÑO EDICIÓN 2005 PRECIO SIN IVA 111,35 €

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